JAVIER IZQUIERDO, DIRECTOR DE “UN SECRETO EN LA CAJA”.

JAVIER IZQUIERDO, DIRECTOR DE UN SECRETO EN LA CAJA / Claudia Carreño – Gonzalo Abrigo

javi iz

Conversamos con el realizador ecuatoriano Javier Izquierdo, director de Un secreto en la caja, película premiada en el Festival de Cine de Buenos Aires 2017 (Mejor Director), y en el Festival Internacional de la Cinemateca de Montevideo 2017 (Mejor Película Latinoamericana). Inscrita en el género del falso documental, Unsecreto en la caja aumenta la biografía de Marcelo Chiriboga, ficticio escritor ecuatoriano del Boom creado alguna vez por el chileno José Donoso. La película no solo agrega un extraordinario capítulo más a la infinita broma de un escritor que jamás existió, sino también le da una vuelta a ciertos estereotipos todavía vigentes de la literatura latinoamericana y, particularmente, a la historia geopolítica del Ecuador, donde ciertamente ficciones o engaños especialmente decisivos han desenvuelto su propia trama.

¿Tú llegaste a la idea de armar este documental encontrándote azarosamente con la figura de Chiriboga en los textos de Donoso y Fuentes?

No tan azarosamente pues Chiriboga flotaba en el mundillo literario ecuatoriano. Cuando yo estaba investigando para la peli salió el libro de Diego Cornejo Menacho, uno de los fundadores y editores del diario Hoy en Ecuador. Él escribió Las segundas criaturas, su propia versión de Chiriboga, muy apegada a las de Donoso y Fuentes; también estaban los artículos del poeta Juan Enrique Adoum de quien se dice alguna vez declaró “Chiriboga soy yo”. Yo sabía que Donoso había inventado este personaje, pero había gente que había escrito en prensa y revistas ecuatorianas sobre Chiriboga, y siempre en plan de que podía ser real, medio en juego. El primer artículo lo hizo un escritor de los años 30, Ángel Felicísimo Rojas; él sugería que había conocido a Chiriboga,

¿Pero en qué momento decides armar la película?

En Barcelona, leyendo El jardín de al lado (1981), y luego Donde van a morir los elefantes(1996)Yo venía de filmar Augusto San Miguel, un documental real, sobre un personaje que parecía inventado, pues del tipo no se sabía nada: un cineasta ecuatoriano ya muerto que había hecho las primeras películas de ficción en los años 20; después el tipo desaparece del mapa. Además sus películas no existían, se habían perdido, como buena parte de la producción de esos años en Latinoamérica, y estaba la leyenda de que se había enterrado con sus películas. Entonces en ese documental yo ya me acerco a la ficción, pues me di cuenta de que esa leyenda había que reforzarla. En la vida real habían cuatro gatos que sabían de esa historia, pero metí un par de gente más y forcé el límite del documental. En realidad lo que yo quería era hacer ficción. Ese documental había sido un primer paso. De modo que cuando descubro a Chiriboga todo calzó. Ahí digo: este es el eslabón, voy a hacer un falso documental sobre Chiriboga, que es un personaje en busca de un falso documental; eso sí fue como epifánico.

En ese tiempo, el año 2009, no estaba tan de moda el género.

Sobre todo en Latinoamérica se ha hecho muy poco pero hay algunos referentes. Es un género anglo sobre todo, muy cercano a la comedia; el falso documental clásico, digamos.

¿Tenías alguna familiaridad con el falso documental en ese momento?

No necesariamente, pero era una forma más fácil para entrar en la ficción. Un punto intermedio. No tenía muchos referentes. Zelig (1984) era uno principal. En ese momento en España habían sacado uno que se llamaba El taxista ful (2005), que era todo falso pero había mucha puesta en escena.

El taxista que se robaba los autos de la calle, porque como estaba sin trabajo, hacía de taxista y luego los dejaba ahí mismo. En el fondo no se los robaba…

No me acuerdo ya de la trama, pero tenía partes de entrevistas también, era un poco “docuficción” (un término horrible), entrevistas y puesta en escena. Yo quería hacer una peli de entrevistas, un documental súper clásico, porque obviamente es mucho más barato.

¿Te interesaste en revisar documentales sobre escritores? Por ese tiempo tú estabas muy interesado en aquel sobre el poeta Arthur Cravan.

Sí, ese fue otro referente. La primera etapa de investigación fue en la Biblioteca Nacional de Barcelona en el Raval. Me clavé allí un par de meses. Primero a leer a Donoso y Fuentes, y luego a ver falsos documentales y también leer sobre falsos documentales. Otro referente fue Forgotten Silver (1995) de Peter Jackson, que es una especie de Augusto San Miguel pero falso. Ese fue un gran hallazgo. Poco tiempo después, armo un primer proyecto y lo envío a las convocatorias del Ecuador, y después vuelvo al Ecuador y decido sacar adelante este proyecto. Entonces ahí me puse a leer mucho sobre el Boom y sobre historia del Ecuador. Porque desde el comienzo tenía claro que la obra de Chiriboga tenía que ver con ciertos episodios de la historia del Ecuador que marcaban mucho al país, como la guerra con el Perú.

Ese aspecto histórico iba a ser el pilar que te iba a sostener el personaje.

Sí, yo intuía un poco eso. Como todos los escritores del Boom se metían con la historia de sus países, pensaba que podía ser un buen hilo conductor de toda la historia.

Tu película se basa no solo en Chiriboga, sino también está la otra tesis falsa, por así decir, de que el Ecuador desaparece como país. Son como las dos mentiras del documental.

O sea hay toda una construcción para llegar a esa desaparición. Tiene que ver con todo el conflicto limítrofe con el Perú. Muchas cosas que aparecen en el documental son reales, y sobre todo la visión que los ecuatorianos tuvimos sobre los mapas durante muchísimo tiempo. Tuvimos un mapa falso durante 50 años. Ecuador, después de la guerra del 41, pierde como la mitad de lo que consideraba su territorio, y nunca se asumió lo que sucedía. Y veías el mapa en otras partes del mundo y el Ecuador ya era lo que es ahora, una cosa chiquita. Pero nosotros nos aferrábamos al mapa anterior.

Eso es interesante para el espectador que está más allá de la frontera nacional, que no está al tanto de la historia de Ecuador.

Ahí yo traté de ser muy riguroso con esa parte histórica; está todo documentado. Y es algo que además es un capítulo que ya se cerró. Porque a partir de esa guerra del 95, donde yo hago que el Ecuador desaparezca, en realidad ya se habían firmado los tratados de paz, y se asumió el mapa verdadero y todo cambió. Era un tema de alguna forma superado en el país del cual ya nadie hablaba. Me interesaba indagar en ese tema porque para mí era clave para entender el país. Entonces, sí, el personaje, como se da en muchos documentales, era una excusa para hablar de otras cosas. Chiriboga es una excusa para hablar del Ecuador.

De algún modo también hay una ecuación entre la falta de escritura y la falta de escritores.

Sí, hay una parte que se habla mucho de la falta de memoria, que es otro de los grandes temas del documental.

Ecuador como un país sin memoria, y de mucho resentimiento también.

Claro, es como la canción de Charly García que escuchábamos ayer Yo fui educado con odio/Y odiaba a la humanidad. Quiero decir, la historia que nos contaban a nosotros, era una historia basada en el odio hacia los peruanos, y hacia cómo siempre ellos desde el Incario, cuando no existían esos países, se robaban el territorio. Y es una historia tan surrealista que el conflicto limítrofe llega hasta el Incario, cuando no existían los países como los conocemos ahora. “Pero se supone que Atahualpa y Huáscar, el uno cuzqueño y el otro quiteño…” O sea los historiadores llegaban hasta esos extremos para plantear la tesis del conflicto.

Fotograma de Un secreto en la caja

¿Las obras de Chiriboga que nombras en el documental también aparecen en Donoso?

Él menciona una obra en El jardín de al lado, que es esa supuestamente famosísima con la que yo abro la peli que es “La caja sin secreto”. La ventaja es que Donoso nunca da detalles de qué va esa obra, entonces eso me dio mucha libertad, pues yo hago que esta novela sea la tercera y útlima de Chiriboga. Y propongo como su obra máxima “La línea imaginaria”, y después introduzco la segunda, “Diario de un infiltrado”.

En tu película finalmente es Donoso quien termina siendo el escritor ficticio. Porque los chilenos estamos convencidos de que Donoso existe…

Claro, claro. Ese era un juego también ¿no? Salió en el proceso con el guión con mi hermano. Y luego, en una segunda etapa de investigación, llega lo que se convirtió en un referente mucho más fuerte, que es esta peli de Luis Ospina Un tigre de papel (2008), falso documental sobre un artista colombiano, Pedro Manriquez Figueroa, que también termina siendo una excusa para explorar la historia de Colombia en el siglo XX. Cuando yo vi esa peli, ahí encontré el tono y muchos recursos me los robé de ahí. Primero el tono, porque no era esta cosa tan cómica como los falsos documentales gringos, tipo This Is Spinal Tap (1984), que es una comedia. La diferencia con Un tigre de papel es que ahí aparece todo el mundillo cultural de Colombia, gente conocida, igual que en Zelig, cuando aparece Susan Sontag, entonces eso le da veracidad a toda la mentira.

O como cuando en Annie Hall, Woody Allen hace aparecer al sociólogo de moda por ese entonces, Marshall McCluhan.

Claro. Pero lo que me doy cuenta con la peli de Ospina, es que él hace un par de entrevistas fuera de Colombia. Hay una entrevista con un supuesto amigo hindú de Manriquez Figueroa. Hay unas tomas del Ganges, creo, y luego pasas a la casa de este tipo, que tiene sus adornitos. Entonces eso es clave: falsear todo. Porque en el argumento original sí contemplaba hablar con gente real: con Bryce Echeñique, o con el mismo Carlos Fuentes. Mi plan era entrevistarlo y que hubiera un testimonio real, que apareciera Fuentes declarando que había conocido a Chiriboga y tal. Pero por cuestiones de presupuesto, ese tipo de viajes no se podía hacer; Fuentes se murió además. Entonces ahí dije: todo tiene que ser falso. No tengo que irme a Berlín, París, puedo recrear esos interiores tranquilamente en cualquier lugar, en Quito.

¿Pero no fue una conformación por falta de recursos, comenzar a falsear?

No, para nada, más bien fue decidirse por plantear todo desde la ficción.

Llama la atención esta inclinación que tienes por la literatura, algo que no se ve la mayoría de las veces en los realizadores contemporáneos.

Siempre me interesó la literatura. Mis padres leen y mis abuelos eran como gente intelectual. Mi abuelo era historiador, en realidad de ahí viene mi interés histórico en temas del país. Para mí es lo mismo ver una peli o leer un libro. Pero yo me di cuenta muy joven que para escribir no servía, no me salía nada, entonces me fui más al cine. Esta peli era una oportunidad para juntar esos dos mundos.

¿Esperas seguir vinculándolos?

Sí, me interesa sobre todo el personaje del artista. En la primera película un cineasta, ahora el escritor. Bueno, tengo otro proyecto, Barajas, que son intelectuales, una crítica de arte y un ensayista; quisiera hacer también una peli sobre un pintor, hay un interés por esas figuras.

Da la impresión que actualmente en Latinoamérica se tiende a hacer poco cine a partir de obras literarias, siendo que existe una gran cantidad de producción y toda una tradición a la que se podría recurrir. No es el caso de Estados Unidos, donde siempre se ha dado el extremo opuesto, esta especie de parasitismo histórico del cine con respecto a obras de teatro, novelas, cuentos. ¿Crees que eso tiene que ver con la formación actual del cineasta?

Tiene que ver con la separación de alta cultura… [y baja], la literatura se tiende a meter en ese paquete [alta cultura]. Aunque me he dado cuenta que la gente que se destaca o hace cosas interesantes tiene algún vínculo con la literatura. El tema es que el cine durante mucho tiempo se nutre de la literatura. En Latinoamérica también se dio eso, las primeras pelis son adaptaciones literarias. En algún momento existe ese quiebre que tiene que ver mucho con la nueva ola francesa y el cine de autor, donde la película ya no es del guionista sino del director. Entonces hay ese divorcio entre el mundo literario y el mundo de las imágenes.

El escritor ecuatoriano de ficción Marcelo Chiriboga.

Pero podríamos pensar en Chabrol, por ejemplo, que filmó un montón de películas de misterio o crimen, como de serie B; el mismo Godard en relación a Borges…

Yo creo que el problema también es que en nuestros países no ha existido justamente ese concepto como de la literatura B, sino que ha sido la alta literatura siempre vinculada con la élite, y mucho prejuicio de parte de los cineastas de vincularse con ese mundo de la alta cultura, porque no ha habido una literatura… o sea sí ha habido, pero no ha sido tan masiva como una literatura más popular que es lo que adaptan los gringos: serie B, comedias, historias románticas.

Quizá Torre Nilsson fue el que más se atrevió. Más contemporáneo está el caso del peruano Lombardi.

Claro él hizo Vargas Llosa, hizo Fuguet, Bayly también. Están bien esas pelis. La ciudad y los perros (1985) es como la primera peli moderna peruana, hizo Pantaleón y las visitadoras (2000) que es una gran película, hizo Tinta roja (2000) de Fuguet, hizo No se lo digas a nadie (1998) de Jaime Bayly; también hizo una adaptación en Lima de Crimen y castigo (Sin compasión, 1994). Es interesante Lombardi. Por eso te digo, los primeros directores del nuevo cine latinoamericano a partir de los ’60, ’70, se nutren mucho de la literatura.

A propósito de literatura B, podemos acordarnos de Tiempos malos (2008) de Cristián Sánchez, basada en Chicago Chico, la novela hard boiled de Méndez Carrasco.

Bueno, está además eso de que la literatura no tiene límites económicos, y el cine tiene ese presupuesto. Por ahí va la cosa. Me acuerdo ahora también que en esa primera etapa de investigación, una gran influencia literaria fue una obra de Max Aub, Josep Torres Campalans (1954). Especie de falsa novela o falsa biografía de un pintor español criado en la Guerra Civil, que va a París y se adelanta un poco a Picasso.

Recordemos que Picasso coincidentemente también aparece en F for Fake (1973).

Orson Welles fue también un gran falsificador, y en Un secreto en la caja también está esa escena de los dos veteranos que comentan La guerra de los mundos, que fue real pues se hizo una adaptación por una radio de Quito en el año 1949: los marcianos aterrizan en Cotocollao, y la gente fue e incendió la radio que era el diario también, eso es real, o sea hubo muertos… Y ya te digo, Un secreto en la caja dio pie a que en Ecuador mucha gente se creyese el cuento. Eso es lo más increíble. A mí me llamaban de una librería, “oye por favor, para con esto, la gente está pidiendo La línea imaginaria”.

Podríamos decir que el personaje que armaste, en términos globales, refleja que el escritor del Boom es uno muy estereotipado, posee trayectos definidos, un discurso predecible, es decir, cuando uno dice “escritor del Boom”, ya te imaginas su destino.

Claro, nosotros nos basamos mucho en eso. En el guión original mío, el tipo se va a París, como todos, Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar. Pero a mi hermano le pareció que era un cliché, entonces él hizo una contrapropuesta donde Chiriboga se exiliaba en el Japón, se hacía pana de Kurosawa… eso ya era como demasiado. Y el término medio que encontramos fue Berlín oriental, que es un país que ya no existe, como Ecuador. O sea Chiriboga es claramente un estereotipo del Boom, incluso es un man de provincia que llega a la capital y trabaja en el diario, se mete en la política y después se desencanta, y luego el exilio. Creo que ese es el alcance regional de la peli, puede ser entendida en todo Latinoamérica.

La figura del Boom parece como el tipo que porta no sé si “la verdad”, pero es como héroe de la información… Son héroes nacionales.

Claro, son héroes nacionales. Y por ejemplo, Donoso tiene mucho interés en insertarse en esa historia. Tal vez sin la potencia que tenían monstruos como García Márquez o Vargas Llosa. Entonces de ahí nace Chiriboga: el oscuro objeto de la envidia del personaje alter ego de Donoso en El jardín de al lado, que es un oscuro escritor chileno tratando de ser famoso en España, y siempre se topa con este hijo de puta de Chiriboga, que abre un periódico y aparece él… entonces lo detesta. Lo que hace Donoso con Chiriboga es un poco una metáfora del Boom. Mete a Fuentes, a Vargas Llosa y García Marquez en una licuadora… porque además Chiriboga es un hombre de mundo, que vive en París. Lo más divertido de todo es que Chiriboga es un apellido súper ecuatoriano, Donoso hizo su investigación. El presidente de la federación ecuatoriana de fútbol, que ahora está en un caso de corrupción tenaz, se llama Luis Chiriboga. El apellido además suena chistoso, es cómico.

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