LORENA BEST, DIRECTORA DE LAS LECTURAS / Claudia Carreño – Gonzalo Abrigo 

 

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Conversamos con la cineasta peruana Lorena Best, directora de Las lecturas (2015), documental que a partir de las preferencias lectoras de un grupo de personas, elabora un retrato emotivo de una comunidad que participa, vive y resiste la historia de un país mediante la conexión íntima con novelas, narraciones y poemas. La obra escrita se entrecruza con el relato oral de la experiencia de lectura, y la película resulta a su vez el relato de ese cruce, de tintes biográficos, culturales y —tal como en los  inicios del cine—, también ferroviarios, donde el lector llega a figurar como personaje que, al detenerse y leer ante la cámara, pareciera hallar finalmente una estación.

¿Cómo nace la idea de Las lecturas?

Fue a partir del cine de Eduardo Coutinho, en especial As canções (Las canciones).Yo había terminado A punto de despegar (2015), que es mi primera película que hice con Robinson Díaz. En esa época recién había tenido a mi hijo y quería hacer cine pero no me imaginaba hacer algo como A punto de despegar, que implicó mucho movimiento. En esa época estuve mirando las películas de Coutinho, en el encierro que significa criar un niño pequeño. Siempre he pensado que Lima es una ciudad donde la gente lee, o sea, no hay muchos espacios públicos para la lectura, no hay muchas bibliotecas, pero siempre he tenido la sensación de que es una ciudad en que la gente lee, que tiene amor por la lectura, un amor secreto. Sobre todo cuando pienso en el centro de Lima que hay muchas librerías viejas, libreros, gente que colecciona libros, hay como una pasión, como un club secreto, pero que no es tan pequeño tampoco, que es una pasión que se transmite en el silencio, en la intimidad. Entonces eso y dije por qué no que hacer una película en donde la gente pueda hablar de eso. Y entonces empezó el diálogo más profundo con Las canciones que es una película a partir de canciones, y yo propuse hacer igual que Coutinho sólo que a partir de lecturas, de literatura, un proyecto bien controlado, ideal para el momento en que yo estaba.

Tú actualmente trabajas en esta Casa de la Literatura de Lima donde rodaste, la ex Estación Desamparados, ¿cuál es tu labor allí?

Sí, yo trabajo en el proyecto educativo como consultora, no soy parte del equipo permanente, no es un empleo fijo. Hago consultorías y como la conozco, ya había sentido ese ambiente, que se ha convertido en una casa para la lectura, donde no solamente exponen sino acogen mucho a la gente. Lima es una ciudad hostil con el espacio público, sumamente hostil y es una ciudad muy clasista también, entonces el espacio público se empequeñece mientras más pobre es el barrio. No  es una ciudad en donde hay cultura de biblioteca a pesar de que hay una historia de bibliotecas muy grande tejida con la historia de la ciudad. Entonces digamos que no es fácil, sin embargo es amor subterráneo, y eso es lo que me interesaba, ese amor subterráneo en donde los libros son objetos preciosos que transitan de una persona a otra y que guardan mucho de la historia de la gente.

Interesante que el tema que Las lecturas haya surgido en el momento de tu maternidad.

Bueno, a mí me pasó una cosa, que en el embarazo leí mucho. Yo leo, soy lectora, ahora leo menos  en realidad y por dos cosas: porque tengo un hijo pequeño y porque estoy con el celular, pero también soy lectora y me pasó que en el embarazo leí muchísimo, fue el momento que más he leído en mi vida.

La maternidad como momento propicio para la lectura.

Lo que pasa es que la maternidad es bien extraña, no sé cómo será en otras mujeres, pero yo siento que es un momento muy instintivo, o sea siempre uno es instintivo, pero es un momento en que te provoca hacer cosas con mucha fuerza. Así como dicen de los antojos, a mí me provocaba leer; no tanto ver películas, sí leer.

¿Qué leíste durante ese periodo?

Hubo de todo, hay muchos libros en casa y además los libros de mi hermana que tiene muchos y me prestaba. Recuerdo que leí esta novela de Bolaño, ésta que es larguísima, que fue la última que editaron después que murió.

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Sí, la leí completa, con todos los asesinatos a mujeres. Me fascinó, pero me decía ¡qué hago leyendo esto! Leía cosas súper oscuras.

¿Seguías embarazada durante el rodaje?

No, no, hice el rodaje cuando Vicente tenía 6 meses, y leí bastante todo el embarazo, leí de todo y cosas así como densas. Leí a Vallejo, Los heraldos negros, también este escritor  japonés que tiene esta novela que es horrible, ay, cómo se llama, yo soy muy mala con los nombres,  esta que se trata de una pareja que tiene un hijo, un hijo monstruoso que lo dejan abandonado [Una cuestión personal, Kenzaburō Ōe], que es el recorrido de esta pareja que se separa y tienen como una errancia a partir de la culpa. Es sobre el dolor. Leí muchas cosas sobre el dolor.

¿Qué referencias literarias te sirvieron?

Mi lectura es como con el cine, bien ecléctico. Algo que me va llamando, entro en ese universo, busco más cosas del autor pero luego me voy hacia otro, es como intuitivo, por ejemplo, escuché algo y voy y lo busco, soy errante, errática, no soy así como la que me agarro uno y sigo y sigo y sigo, no. Hay algunos que sí, que soy como fanática, como con Jorge Eduardo Eielson, poeta y artista visual peruano, y soy así como fan de él, con él estoy pegada con todo lo que él escribe, de él tengo todo, pero no es algo común que yo haga eso. Con Clarice Lispector también, me gusta mucho. Cosas de Arguedas, que Arguedas es así como un papá para nosotros en Perú, ¿no? Y Enrique Lihn me gusta mucho. Gabriela Mistral, por ejemplo de Gabriela Mistral tengo este libro de Cartas a Yin Yin, y la historia de Yin Yin mismo a mí me encantó y todo lo que significó la maternidad para Gabriela Mistral, ese es otro libro que leí cuando estaba embarazada. Esa búsqueda de maternidad de ella todo el tiempo y cómo la vivió. Pero siempre he leído, hay veces que empiezo y abandono, por ejemplo ahora he estado tratando de leer una novela de Susan Sontag y no puedo seguir, pero agarré una escritora peruana poco conocida, Magda Portal, y me he quedado fascinada. Ya sé que hay cosas que sé que voy a leer y sé que me van a gustar y hay cosas que pienso que sí pero no termino.

 

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Más allá de lo de lo audiovisual, ¿hay otro tipo de referencia para este trabajo?

No, no, sólo la lectura en sí misma. La referencia era el deseo de conversar con la gente, lo único que yo quería era eso, conversar con la gente y también hacer un homenaje a este lugar, porque acá en Lima este lugar (Casa de la Literatura) significa para mucha gente una esperanza. Nuestra vida pública está atravesada por el clasismo desde hace décadas y es bien difícil de romper. Y este lugar poco a poco y con mucha persistencia y mucha calidad está logrando como amansarnos, amansar este cotidiano tan hosco, tan violento que tenemos en Lima, ese tratarnos mal que está instalado hace mucho tiempo. Es un lugar donde la gente simplemente es gentil y se siente bien, se siente acogida. Esta es una ciudad en que si llevas tu taper de comida y buscas un lugar público para  para sentarte, te botan, es un lugar donde no te prestan el baño.

Ese clima que describes, ¿desde cuándo dirías que se arrastra? ¿Desde los años 80, por ejemplo? Pienso en esa particular etapa de violencia, Sendero Luminoso, etcétera.

Claro, mira los años 70 fueron como una primavera cultural acá, en el Perú en general. Luego, cuando empieza la guerra, el conflicto este, los primeros años hay como un… no acá en Lima, en la clase media no, pero sí en el resto del país, hay como un replegarse, la fuerza comunitaria para responder; pero eso empieza a ser minado, sumamente violentado. Y ya cuando entra Fujimori, es cuando el periodo de la guerra se hace más cruda, entra con todo el equipo de terrorismo de Estado. Entonces ya ahí la guerra se vuelve una destrucción total de nuestras instituciones, pero sobre todo de los lazos de solidaridad, empatía y humanidad entre nosotros: se instala la sospecha, el racismo se hace más fuerte. Entonces todavía somos una sociedad postconflicto, con esa desconfianza, y bueno, además que ahora tenemos el discurso del emprendimiento, de ser exitosos económicamente.

¿Cómo ves la producción cinematográfica abordando esta problemática y tratando de abrir un espacio de diálogo en torno a este clima cultural, los vínculos que pueda tener el tema creativo y audiovisual con lo político en Perú?

Hay miradas interesantes, más en un cine no comercial por así decirlo, o no financiado. Pero no son acercamientos frontales. Hay como todo un grupo de personas que busca hacer reflexiones bastante evidentes, pero también hay gente que se acerca desde los márgenes, que son las propuestas que me parecen más interesantes, las que no evidencian, sino las que pueden hacer una lectura del presente en la que se cuestiona por qué el presente es así y te puede dar luces sobre lo que arrastramos, sobre lo que no hemos resuelto o lo que hemos decidido no resolver.

¿Qué trabajos te ha llamado la atención en ese sentido?

Mira, lo que pasa es que acá se está configurando desde el año 2005 más o menos, un espacio de gente de diferentes edades, ya no sólo de Lima, que ya están dialogando con un cine más moderno, con una forma de producción, no moderno sino más contemporáneo, con una forma de producción más libre. Para mí hay una cineasta peruana que es excelente, que creo que es la mejor cineasta, que está por los 70 años, se llama Mary Jiménez, pero que no vive en Perú. Mucho del cine de buena calidad aquí es de gente que se ha ido a trabajar en Europa, que es un lenguaje totalmente de allá, pero que también realizan acá. Ella me parece que es alguien que me gustaría que se conociera mucho más. Mary Jiménez ahora está regresando mucho más, están pasando los años y está regresando cada vez más al Perú. Además ella viene de una familia que está muy vinculada a la cultura, gente que ha hecho mucho, cosas muy importantes, investigadores muy importantes para el país. Es un cine de muchísima calidad, muy instigador, muy completo. Luego hay gente que está empezando a crear una obra bastante personal, por ejemplo está Juan Daniel Molero que es el director de Videofilia y otros síndromes virales (2015).  Hay un chico de Arequipa que se llama Edward de Ybarra, que tiene películas cortas, pero que tiene una en especial que se llama Dictado (2016), que es una aproximación a los conflictos por tierras en el Perú, que es interesante, desafiante. Hay gente que está trabajando la ficción de una manera muy elegante. Está habiendo como un movimiento que todavía no se sabe por dónde irá, sí algunos se van a ir afirmando tal vez y otros desapareciendo, y apareciendo otros, pero está habiendo un movimiento bastante fluido y diverso.

Lo vemos en tu trabajo también.

Está siendo bien interesante ese movimiento, hay más riesgo, todavía quizás haya cosas  poco maduras aún, pero acá pasa algo bien interesante, por ejemplo, en el videoarte. Hay videoarte que dialoga muchísimo, es bastante cinematográfico el videoarte acá, un trabajo hecho en su mayoría por mujeres, eso es interesante y de mucha calidad.

¿Tú te sientes exponente de este movimiento que hablas?

Sí, que ni siquiera se ve, ni siquiera se ve en los festivales. Ahora recién se está empezando a ver. Bueno, Las lecturas ahorita la estoy moviendo para para distribución nacional, no en salas de cine sino que acá tenemos un premio a la distribución alternativa que te permite hacer otro tipo de proyecciones y la quiero pasar a nivel del Perú, pero sí está habiendo un evento interesante.

Considerando tus dos películas, que si bien son muy distintas —en la anterior, A punto de despegar,  no hay cabezas parlantes—, ambas tienen un foco en el espacio.

Sí, son películas de espacio, y en el caso de Las lecturas, yo lo imaginaba como conversación,lo imprescindible es que es una película de conversación. En Las lecturas, a diferencia de lo que hace Coutinho, en que el espacio que crea es el espacio del habla, yo decidí combinar el espacio del habla con este espacio que es la Casa de la Literatura, que además es una estación de tren, y de ahí ese vínculo inmediato con el cine, el tren y el cine, un vínculo que todos hacemos. Estaba eso pero también estaba la idea de mostrar el sentimiento de un espacio que sí es un espacio abierto para el encuentro, para el silencio, para leer, para estar contigo mismo, y que esto existe, que esto es posible en una ciudad como Lima, y que es público además, eso sí era importante para mí.

También está la lectura como práctica social, la comunidad de lectores y su forma de resistencia.

Sí, sí, y la película se llama “una película de amor y de libros” porque son historias de amor finalmente, a pesar de que entre ellos algunos no se conocen, hay como esta comunidad subterránea que te digo. Quería mostrar ese rigor que tiene esa comunidad que se continúa alimentando silenciosamente contra todo.

 

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Escena de “Las lecturas”

 

Resalta la transversalidad social y cultural de los entrevistados.

Eso también sabía que iba a pasar. Además es en Lima, eso es algo que también es un factor fantástico del centro de Lima, como todos los centros de las grandes ciudades, son tal vez los lugares más interesantes de punto de encuentro social, más que otros barrios. Fueron tres días de entrevista, desde la mañana hasta las 7 de la tarde. Y eso aparecía en la conversación, al final de las entrevistas, de cómo aparecían las clases sociales, las procedencias, las historias, las corporalidades distintas, las edades.

¿Qué criterio utilizaste para hacer la selección final de testimonios?

En ese sentido fue intuitivo, hubo unos que fueron potentes de por sí, como el caso de Mario, el hombre que habla quechua. Eso era como quedarte con la boca abierta… Y también Víctor Hugo, el señor que ahora está muy mayor, que lo sigo viendo, es un señor que ahora inclusive está perdiendo la memoria, y él habla de José María Arguedas y se emociona. Para nosotros es algo que tenía que ir; y está Angelita, que es esta chica que se hace lectora por el padre ausente, y que el padre la decepciona, y que ella se da cuenta que terminó ganando.

¿Cómo fue la convocatoria para que llegara la gente a dar su testimonio, el procedimiento para que las personas se acercaran a ser grabadas mientras hablaban de su libro favorito?

Lo que pasa es que la Casa de Literatura es un lugar que ya está ubicado en la sociedad, que la gente lo ama. Hicimos una convocatoria en la página web y en el Facebook. Eso: que se va a rodar, que estamos grabando un documental, el largometraje Las lecturas, si quieres participar inscríbete y en estas fechas tienes que venir con un libro especial para  estar dispuesto a leerlo y querer ser grabado. Fueron treinta y seis el total de las personas que llegaron y respondieron a la convocatoria cuarenta y cinco.

 Pero no grabaste el total.

 No, porque no llegaron, llegaron 36, y luego la selección final.

¿Qué autores incorporaste en la versión extendida?

Ahora son 13, he puesto dos más. A Javier Heraud, el poeta Javier Heraud, peruano, y a José Saramago, con Ensayo sobre la ceguera.

Antes de ver los créditos me llamó la atención que la mayoría eran autores peruanos Me pregunté si se había sido un requisito, pero al final del corte que vimos aparecía la lista entera, y había de todo.

Lo que faltó fueron autores mujeres. Pero dijimos que no íbamos a restringir, que la gente podía ir con lo que quisiera.

No hubo lectoras de Flora Tristán, por ejemplo.

Flora no estuvo, la única mujer que estuvo fue Blanca Varela. Que es hermosa, la conversación de Blanca Varela es hermosa, es preciosa pero era tan sentimental que no pudo entrar. Lo que pasa es que si tú lo ves solo es lindo, es “Casa de cuervos” lo que lee, completo, y lee como una manera de decir públicamente que ella perdió un hijo también, y cuenta eso, que cuando llegó el libro a ella, muchos años después de que perdió su hijo, se dio cuenta que esta es la única manera en que ella sintió consuelo, solo al leer “Casa de cuervos”.

Interesante eso que acabas de decir, de que a pesar de que era una lectura de una autora mujer, dejas fuera ese testimonio por un criterio cinematográfico. Eso me parece muy importante, tu decisión en términos de dirección.

Sí, el único criterio era que la película tuviera ritmo, que tenga su propia forma. Eso dio pena, ¿no?, a la hora de sacar algo tan potente, tan bonito, yo inclusive lo había puesto como el inicio de la película. Pero no, no entraba, era tan chocante que es para que sea un corto, una cosa sola.

Quería preguntarte sobre el testimonio de quien habla sobre José María Arguedas, algo tiene que ver con la relación que mantiene el pueblo peruano con Arguedas, ¿resulta representativo este testimonio?

Lo que pasa es que yo no diría que él representa a toda la relación, él representa una de las relaciones, que es una relación de padre. Sí, hay muchos escritores, inclusive investigadores y mucha gente sobre todo que tiene un vínculo fuerte con lo andino o con el quechua, gente muy joven también, muy joven, de 20 años te digo, que siente a Arguedas como un padre, pues Arguedas es un escritor fundacional. Es un pensador, no sólo un escritor. Es el Joaquim Nabuco para Brasil.

Como Neruda para Chile…

No sé, porque sabes qué… Arguedas tiene una parte de origen indígena. Hay una parte de Arguedas europea pero hay una parte indígena, es como si Arguedas… como si en él se concentrara el proceso histórico del país. Arguedas representa casi todo el pueblo quechua, porque a Arguedas lo quieren en Bolivia, donde hablan el quechua. Es que acá en Perú somos más indígenas que cualquier otra cosa, indígenas andinos, pensando en el territorio podría ser un país amazónico, pero es un país andino.

Eso es muy interesante pues no todos los países de Latinoamérica poseen esa figura. En Chile, por ejemplo, no hay un autor que tenga la relevancia que tiene Arguedas para el mundo indígena andino como la pudiese tener un autor chileno para el pueblo mapuche u otro pueblo originario; en Chile no existe esa figura exactamente como la tienen ustedes.

Por eso estoy pensando si es Joaquim Nabuco o si es Ariano Suassuna, que tiene un origen nordestino, que no llega a ser indígena pero es más campesino. Yo diría que Arguedas es algo más como los Parra, los Parra como familia que tiene ese origen campesino.

Violeta más que Nicanor

Violeta, Violeta tal vez más.

Y en ese sentido, ¿cómo ves la figura de César Vallejo?

Mira Vallejo…  Arguedas que es como el papá amoroso, cuando el señor dice que es un taita, un padre, él habla del sentimiento y llora, él siendo provinciano en Lima ¿no? Arguedas es eso, para mucha gente, a muchos de nosotros nos emociona, va directamente al alma y yo siento que Vallejo también, Vallejo también tienen origen campesino, no sé si llegó a hablar quechua, pero Vallejo es como el orgullo.

¿El orgullo patrio?

Es como un orgullo sí, para la gente que está más vinculada, que conoce más a la cultura. Hay una idea de que sí, de que el mayor escritor es Vallejo, no Vargas Llosa.

¿Vas a incorporar el testimonio sobre Vallejo?

Bueno, me da mucha pena porque además es un testimonio hermoso, porque es el testimonio de un chico muy joven que lee con su enamorada. Digamos, tan romántico no es, pero bueno, ¿sabes qué pasa?, que no entra tampoco cinematográficamente, no funciona dentro de la película.

Eso me parece de mucho carácter, en términos directoriales, que tú lo tengas tan claro como para dejar fuera a Vallejo independiente del cariño que le puedan tener a un autor.

Sí, en realidad lo que nosotros hicimos, después de que terminamos la edición, encontramos estos bloques temáticos que entre ellos se cerraban, que es primero la experiencia más concreta, que es el inicio. Luego viene la cosa de la familia, la madre, el padre. Y luego pasa a lo meta, el metalenguaje, que es el librero que muestra sus libros y habla de las palabras, hablar de la palabra ya más allá de los autores. Estas tres como unidades, en ellos funcionaban, pero sobre esas unidades había mucho más en los otros, pero no entraban, ya no entraban.

Ribeyro salió un par de veces.

Sí, es que Ribeyro decidimos ponerlo, porque la elección no fue por autor, sino por la película, esto siempre fue una película, desde el comienzo fue una película, no es un tratado de literatura. Y como película tiene que funcionar como película, eso es lo primero. Lo demás ya se ve cómo se arregla. Y lo que pasa es que esto es en Lima y el autor más amado de Lima es Ribeyro. Ribeyro tiene fans, es como el fútbol.

 

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Julio Ramón Ribeyro

 

¿Pero eso desde siempre o ahora último? Porque en algún momento hubo una especie de revival editorial de Ribeyro.

Desde que empezó a publicar tuvo fans, sí, Ribeyro encarna al limeño, el limeño se siente fracasado, Ribeyro es como el ideal del limeño, una cosa así, como taciturno, el fracaso, que tiene un humor negro.

Y Enrique Lihn, cerraste la película con el poema de Lihn. Tú dijiste que te gustaba mucho…

Eso fue una decisión, yo me había metido de que tenía que cerrar con una referencia a Desamparados, a la estación de trenes “Desamparados” de Lima. Yo sabía del poema de Lihn, pero yo quería cerrar ubicando espacialmente, que esta es la estación de trenes de los desamparados, la estación más importante, en desuso además, desactivada, el tren está desactivado; y me puse a buscar a Martín Adán, a este escritor norteamericano que estuvo por acá que conoció a Adán, que se alojó frente a “Desamparados”, busqué todo lo que estaba alrededor de “Desamparados”.

Parece que quien estuvo allá fue Ginsberg.

Sí, fue Ginsberg el que estuvo y tuvo todas unas historias acá. Hicimos un levantamiento, toda una investigación en donde se menciona a Estación Desamparados en la literatura. Y claro, Lihn para esto era lo mejor. Cuando leí ese verso pensé: es perfecto, además quería hacer mención a esa relación entre Perú y Chile sobre todos esos escritores de los años 70, el lugar de exilio de los peruanos era Chile y el lugar de exiliados chilenos era Perú, entonces Arguedas hizo mucho de su literatura en Chile.

Un detalle visual: la única locación que no se repite es la del final, la persona que lee el poema de Lihn está como en una oficina.

Sí, lo voy a cambiar, no me gusta. Es una decisión ya formal no cerrar así. Ella es Milagros, que es la directora de la Casa de la Literatura. Ahora no me gusta y después cuando lo editamos ya no me gustó que la hayamos filmado en una oficina. Sí, me causó ruido. Entonces ahora que estamos revisando la voy a grabar en la sala de exposiciones. Y con otra ropa, parece un cuervo con esa ropa, y lee bien bonito, es bien intensa Milagros, le he dicho para grabarla de nuevo, no me gusta a mí tampoco.

Y como directora, con qué autor dirías que te identificas.

Para mí es Eielson, Jorge Eduardo, sí para mí él tiene una dimensión amorosa humana, a mí él realmente me conmueve. Arguedas por ese lado también lo siento como un gran padre, pero Eielson me conmueve, y de las mujeres peruanas hay una escritora que me gusta mucho qué es bien poco conocida que se llama Pilar Dughi. Pero  escribe cuentos, muchos cuentos, fue médico y murió muy joven.

Cuando se habla de literatura peruana es casi inevitable hablar de Vargas Llosa. Me llamó la atención que lo mantuviste en su esquina reducido a un solo testimonio.

No, no, tú sabes que de los 36 hubo 2 para Vargas Llosa.

En el corte que vimos dejaste uno, que habla sobre La casa verde.

Sí, y funciona muy bien porque Moisés hace una lectura simple de Vargas Llosa, le hace recordar a su papá. Piura, un pueblo… es hermoso, es una lectura de un chico joven que regresa al lugar de su papá. O sea privilegié eso; después había otro señor también, tenía una lectura hermosa de Varga Llosa porque él estuvo casado mucho tiempo, era de esos hombres que se casaron y se quedaron casados, y cuenta que él estaba un poco agobiado de su vida pero no lo decía, y decía que su mayor placer era leer porque es la única manera de alejarse de toda su vida, y él trajo a Vargas Llosa.

¿Cómo reciben a Vargas Llosa hoy en Perú? Porque las nuevas generaciones en Latinoamérica tienden a criticarlo…

Lo que pasa que Varga Llosa es un producto mediático ¿no? Pero como muchas cosas mediáticas, la vida al final te dice otra cosa, pues como te digo fueron 2 Vargas Llosa de 36 y ningún García Márquez.

Y no te tocó ningún… por ejemplo… ¿Bayly?

No, pero me tocó Stephen King.

¿Jaime Bayly es considerado muy frívolo?

Sí, claro, eso sí. Pero como son fenómenos de mercados, sí venden. En tanto cuales, venden. Pero Vargas Llosa no vende más que 50 sombras de Grey.

Si hubiera aparecido alguien a quien le hubiese conmovido una novela de Jaime Bayly, ¿lo habrías incorporado?

Sí.

En todo caso el testimonio del señor que lee para escapar de su vida estaba bueno.

O sea era lindo, pero no entraba, no entraba cinematográficamente. Por eso nosotros decidimos hacer dos versiones de Las lecturas, la versión película y la versión instalación. La versión instalación ya la hemos hecho, estuvo cuatro meses en galería, y es eso, son los 36 testimonios, organizados en alrededor de seis temas.

También había un testimonio sobre el novelista Manuel Scorza.

Margarita, que lee la historia de la guitarra que florece. Ella, por ejemplo, nosotros quisimos que entrara, porque habla de la crítica social sin perder la sonrisa nunca, es muy profunda.

Ella habla de la lucha por el territorio, que se vincula a tu primer documental.

Sí, de eso, y ella habla de que no puede haber una revolución sin belleza. Es muy profunda y muy leve. Nadie tuvo una actitud de sapienza, sino que se mostraron totalmente vulnerables, eso me gustó mucho. Uno de los testimonios que no está, el de Mario Castro, que es un crítico de cine peruano, que también fue y es un lector, es un intelectual; yo estaba con un poco de miedo cuando él aceptó la convocatoria, porque me dije “¿qué voy a hablar con él?”, y Mario fue sumamente simple, o sea no simple, sino vulnerable, suave, habló de él y eso me gustó mucho que en la película todo el mundo se dispuso a hablar de sí mismo, hasta los intelectuales o críticos.

Llamó mucho la atención eso, cuando la vi me sorprendió el resultado, o sea te di créditos a ti como entrevistadora. ¿O tú dirías que fue una predisposición que traen los lectores?

De parte de los dos, pero claro, es que cuando llegaban algunos así nerviosos… algunos me mandaban correos antes, preguntando si tengo que leer antes, si tengo que aprender alguna parte, cosas así, y yo les decía, no hagas nada, sólo anda con ganas, tranquilo, y en un momento relajado, que no estés corriendo, y así fue la gente. Yo también sabía que no me quería ir por el lado de la teoría. Hubo un chico que habló de Voltaire y teorizaba un montón, pero era muy jovencito y terminó diciendo algo que a mi me conmovió tanto… él teorizaba y se perdía, entonces yo estaba un poco preocupada porque no sabía por dónde iba la conversación como para sacarlo de ese embrollo. Traté de sacarlo pero seguía. Pero de pronto solito paró, se miró donde estaba y dijo: “lo que pasa es que yo no tengo dinero, a veces no tengo ni para comer y esto me saca de la tristeza, leer…”

Esos 36 registros son como un tesoro.

Todos tienen algo, sí. Hasta llegó una chica así lo más youtuber y ella feliz hablando de su youtuber; después vino un chico con la novela que él había escrito y dice que era una novela muy mala, y él usó el espacio como una forma de despedirse de ella, sí, de despedirse de su sueño de ser escritor.

¿Lo planteó así?

Sí, fue muy bonito. Hubo otro, un señor de más de 80 años que ya ni escucha y que fue con su poema a la ortografía, “Ortografobia”, y lo declamó gritando…, entonces hay otra edición ahí para hacer otra película

Las lecturas 2 y 3…

Cada persona era un regalo distinto. Esta señora que habló sobre su vida como obrera, que creció a los márgenes del río de Lima, una señora linda, es la primerita, la que leyó el poema de Jorge Pimentel, ese poema también es precioso y es inmenso además y ella lo lee completo.. El último que entra, que es Gustavo, cita que las palabras son energía. Fue muy divertido porque él hizo casi toda la entrevista en inglés porque él es de una familia inglesa, entonces su literatura era Tolkien en inglés y él es muy lindo también, muy tierno. Entonces cada persona… teníamos aquel que creció en el inglés y aquel que creció en el analfabetismo quechua.

 ¿En qué estás ahora, Lore, algún proyecto?

Estoy trabajando en otra película, en la tercera, que ahora estoy terminando de grabar. Es un trabajo que se llama Una película elegante, hecha con chicos en prisión, en la prisión juvenil, el centro juvenil y es una transficción, algo así, con poco control, es un diálogo a partir de una convivencia de un año pero es un diálogo a través de la cámara, ya estamos terminando.

 

LORENA BEST, DIRECTORA DE “LAS LECTURAS”.

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