Omar Alarcón, director de Mar Negro / Claudia Carreño G.

 

Omar

 

Mar negro se titula el primer largometraje del director boliviano Omar Alarcón Poquechoque, estrenado en 2018, un sensible retrato de Hugo Montero Áñez (1931-2016), poeta nacido en Santa Cruz que pasó buena parte de su vida recluido en el Instituto Psiquiátrico Gregorio Pacheco, en Sucre. A través del registro del poeta al final de su vida, el documental saca a la luz y rescata su obra poética.

 

¿Cómo conociste a Hugo Montero y cómo nace la idea de hacer esta película?

Conocí a Hugo Montero en el hospital psiquiátrico de mi ciudad. Yo estudié psicología y cuando cursaba mi último año de universidad hice una práctica allí. Desde el primer momento me sorprendió su talento, personalidad e historia. Siempre fui amante de la poesía y eso me acercó de manera muy fraterna a Hugo, compartíamos juntos poemas y llegamos a crear una amistad muy linda. Poco tiempo después me di cuenta que en el psiquiátrico los pacientes, aparte de estar condenados al encierro, están condenados al olvido. A la mayoría sus familias los han abandonado hace varias décadas. Cuando uno lee sus historias lo único que queda son unas hojas amarillentas en un folder, ninguna fotografía, ningún rastro de vida. Cuando fallecen hasta el folder desaparece, nada queda de ellos. De igual forma pasaba con Hugo Montero, el olvido amenazaba con borrarlo por completo, borrar su historia, su poesía, su testimonio. Eso me llevó a trabajar varios años formándome en cinematografía primero, y haciendo la película después. La lucha por conservar la poesía, la palabra, el testimonio de mi amigo poeta.

 

En la película involucras la comunidad del psiquiátrico en esta tarea, cuéntanos sobre esta suerte de estrategia.

Hugo Montero era un poeta a tiempo completo. Escribía mucho. Durante los sesenta años que estuvo interno los médicos y las enfermeras daban testimonio de su constante producción literaria. Asimismo, era amante de compartir su poesía. En todos los actos protocolares del psiquiátrico estaba Hugo recitando su poesía. Todos en el hospital conocían y admiraban sus capacidades literarias. De esta forma cuando filmábamos la película no tuvimos que pedirle a nadie que hablara a Hugo sobre poesía; todos lo hacían de manera natural, pues era lo que siempre hacían con Hugo: escuchar sus poemas, preguntarle sobre su obra, etc. Durante varias décadas los doctores, pacientes y sociedad de Sucre en general conservaron la memoria de Hugo Montero como el poeta del psiquiátrico.

 

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El poeta Hugo Montero

Tal como lo vemos, su lucidez y sensibilidad en ese cuerpo anciano y roto dentro de un psiquiátrico (desde cuando tenía 20 años), compone una imagen devastadora. En ese sentido, ¿consideras que es una película pesimista?

No considero que sea pesimista. Cuando uno hace una película en un lugar de abandono e injusticia como un psiquiátrico es inevitable retratar el dolor. La gente allí sufre mucho, pero sufrimiento no es lo único que hay.  Eso es precisamente lo maravilloso de Hugo. Hugo era una luz. En un lugar lleno de espinas él cultivaba poesía. En su historia hay tragedia, pero también esperanza y creación. Y si bien es inevitable sentirnos tristes por su historia, es también inevitable sentir su fuerza y pasión por el arte y la poesía.

¿Qué decía y opinaba Hugo cuando lo estabas grabando, cuál era su relación con el cine?

Era un artista consumado. Como poeta recitaba siempre en todos los actos. Le encantaba el escenario y los aplausos del público. Cuando la prensa, radio o televisión, venían al psiquiátrico, siempre lo buscaban para entrevistarlo y hacerle notas, cosa que Hugo disfrutaba mucho. Cuando uno está interno en un psiquiátrico tantas décadas es muy fácil perder la identidad y olvidarse de uno mismo. La poesía y el arte le devolvían a Hugo eso que la sociedad le había arrebatado: una identidad, un ser, un lugar en el mundo. Es así que cuando le propusimos hacer la película, Hugo estuvo muy de acuerdo, le gustaba mucho la idea. Filmamos con él cerca de un año. Teníamos la cámara a 1 o 2 metros de él con un micrófono a pocos centímetros, y se sintió bastante cómodo la mayor parte del tiempo. Por su puesto como todas las personas, tenía días en que no estaba de buen humor y esos días no filmábamos, pero eso ocurría pocas veces.

Dentro de todos los poemas que él recita, eliges Mar negro para darle título a tu película. Cuéntanos acerca de esta decisión.

Personalmente me gusta mucho ese poema. La primera vez que lo escuché me hizo temblar todo el cuerpo. También fue una de las primeras tomas que hice (que finalmente quedó como el desenlace de la película). Es un poema que expresa no solamente la soledad y melancolía en que Hugo estuvo sumido en su encierro, sino también el amor que sentía, lo tierno y sensible de su corazón.

 

Mar negro

 

En esta noche negra y fría

Escucho sonar una banda

que está muy cercana

y esa música me trae tu recuerdo,

y me parece que esa música es del mar

del mar negro que ha sido nuestro amor.

 

Mar negro, siempre negro

Porque en su cielo nunca brilla la esperanza

Sin embargo te quiero eternamente

Aunque un mar negro sea nuestro amor

Aunque mi corazón se ahogue en el recuerdo

Como se agita el mar en la marea.

 

Y pienso que si tú escucharas,

el acento de esta música,

sin que tú quisieras movería

tu corazón al huracán.

 

Tengo entendido que es tu primer largo y que también eres poeta. ¿Tu búsqueda como cineasta y como poeta pasa por lograr un intercambio entre estos dos lenguajes? 

Hice poesía durante muchos años antes de llegar al cine. Siempre pensé que gracias a mi amor por la literatura podría expresarme con facilidad en una obra cinematográfica. Pero cuando empecé a hacer la película y a intentar montarla, me di cuenta que se trataba totalmente de otro lenguaje, otro código, distinto a la palabra escrita. Es ahí que empecé a investigar y desarrollar ese otro lenguaje, el de la imagen en movimiento y el sonido. Estoy seguro que, en algún momento, de manera inconsciente o consciente, ocurre el intercambio entre poesía y cine en mi obra, pero no es algo que busco, al menos no hasta ahora.

Por último, ¿cómo ves el panorama del cine latinoamericano actual y en qué estás ahora?

 El panorama del cine latinoamericano me parece muy alentador. Soy amante del cine de no ficción y estos últimos dos años he visto varias obras maravillosas. De igual forma el circuito para este tipo de cine se está fortaleciendo poco a poco y el público cada vez tiene más acceso y relación con nuestro trabajo. En este momento estoy filmando una nueva película, Nikita, junto a una amiga transgénero, y el proceso me parece muy estimulante, estoy muy contento con el camino que empezamos a recorrer. De igual forma en los próximos meses publicaré un poemario, Piedra Negra, que es muy especial para mí porque han pasado más de 10 años desde mi último libro.

 

Afiche Oficial 2- EM-01(1)

OMAR ALARCÓN, DIRECTOR DE “MAR NEGRO”.

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