LA LIBERTAD EN “EL ROSTRO AJENO”

LA LIBERTAD EN EL ROSTRO AJENO / Claudia Carreño G.

Captura de pantalla 2020-02-04 a la(s) 13.01.29

Qué haría ud. si un desconocido se le acerca en la calle para ofrecerle una importante suma de dinero a cambio del molde de su cara, tal como sucede en El rostro ajeno (Tanin no kao, 1966), la joya del cine japonés del director Hiroshi Teshigahara y del guionista y escritor Kobe Abe (adaptación de su novela honónima), dupla dorada a quienes debemos otras tres obras maestras. Antes de aceptar, el hombre a quien se le propone esto pregunta si acaso sería como copiarle las huellas dactilares. Le responden que no, que “el guante cambia según el modelo que lo usa, y que no se preocupe porque no lo usarán en su contra”.

En el 2020 esto sería un poco más complejo de aceptar. A no ser que seas Leo Selvaggio, el artista interdisciplinario con sede en Chicago que diseñó una máscara de goma con su propio rostro destinada a frustrar las cámaras de vigilancia. Mask corresponde a uno de los tres productos fabricados por URME Surveillance, la empresa del artista, cuya especie de misión es “crear un espacio seguro para explorar nuestras identidades digitales”.

El caso de EEUU en materia de vigilancia es altamente chocante. Tan solo la ciudad de Chicago tiene más de 25.000 cámaras conectadas en red a un exclusivo centro de reconocimiento facial. El caso Latinoamérica es distinto. Aún nos encontramos lejos del panorama estadounidense pero parece ser que Chile se está acercando. Tras el “estallido social”, la Subsecretaría de Prevención del Delito inició una licitación -hasta marzo del 2020- pidiendo la implementación de un nuevo “Sistema de Teleprotección Nacional”. Este involucra la instalación de 1.000 nuevos puntos con cámara de seguridad en las zonas más vulnerables y con mayor índice de delincuencia, cuyo altísimo costo resulta una bofetada si consideramos todas las demandas sociales por las cuales la ciudadanía está hoy manifestándose. Pero, como se sabe, la seguridad es prioritaria para las administraciones de derecha.

Captura de pantalla 2020-02-08 a la(s) 12.34.21

Mask, de Leo Selvaggio

Selvaggio diseñó productos para presentar una identidad alternativa a la hora de salir a las calles. Uno de ellos es una máscara de resina impresa en 3D, hecha a partir de un escaneo global de su cara. El resultado es de un realismo sorprendente (salvo el efecto de los agujeros de los ojos que le dan un toque siniestro), y ha logrado ser identificada por los softwares más sofisticados de reconocimiento facial y vinculada a la cuenta de Facebook de su creador. “Cuando usas estos dispositivos, las cámaras me rastrearán en lugar de a ti y tus acciones en el espacio público serán atribuidas como mías porque seré yo quien se vea en las cámaras (…) Por supuesto, me gustaría creer que otros usarán estos dispositivos de manera responsable y no puedo ser más claro que no apruebo la actividad criminal, sin embargo, es posible, y he considerado la posibilidad de que un delito se asocie conmigo. Dicho esto, he llegado a la conclusión de que vale la pena el riesgo si crea un discurso público sobre las prácticas de vigilancia y cómo afecta a todos nosotros”, declaró Selvaggio al sitio Crave.

Selvaggio te da libertad proporcionándote un rostro que no es el tuyo, y en este sentido se asemeja a las intenciones de uno de los protagonistas de El rostro ajeno. El doctor, quien pese a ser un avezado inventor experimental de todo tipo de prótesis se especializa en siquiatría (y como tal parece estar mucho más interesado en los efectos psicosociales de sus dispositivos), tiene un discurso semejante al de Selvaggio. En la película no existe el problema de las cámaras de vigilancia de reconocimiento facial; la motivación del doctor para realizar la producción en serie de sus máscaras es crear un mundo que no existe, un mundo sin familia, sin amigos ni enemigos, un mundo en el que no “habrá crímenes, porque no habrá criminales”, un mundo en que “nadie deseará libertad, porque serán todos libres”, uno donde “la soledad y la libertad serán lo mismo”.

A diferencia de los potenciales clientes de las masks de Selvaggio, el paciente del doctor es un hombre que perdió su rostro en un accidente. Él no busca esconderse de la vigilancia estatal, tampoco persigue la libertad cambiando de identidad como hace el protagonista de El pasajero (1975) de Antonioni. Simplemente quiere dejar de sentirse un monstruo, tal como sucede al protagonista de Abre los ojos (1997), y de paso probar la fidelidad de su mujer a la cual seduce enmascaradamente, sin ponerla al tanto de sus nuevas facciones, algo que recuerda a la retorcida idea del protagonista de Blanc (Kieslowski, 1994) que simula su muerte para ver si su mujer lo llora.

Captura de pantalla 2020-02-04 a la(s) 18.27.20

No obstante las diferencias contextuales, las palabras de Selvaggio son elocuentes: “Lo que estoy presionando es aumentar la cantidad de discurso público sobre la vigilancia y cómo afecta nuestro comportamiento en el espacio público. Cuando somos observados, cambiamos fundamentalmente. Actuamos en lugar de ser”. En este sentido, basta preguntarse a qué llamamos vigilancia para entender la película de la dupla Teshigahara-Abe como obra capaz de trascender las épocas.

Desde una suerte de hipérbole narrativa, El rostro ajeno nos remite innegablemente a la clásica figura de Stevenson, Dr. Jekyll y Mr. Hyde, y desde luego a la La piel que habito de Almodóvar (por cierto, basada en la novela del francés Thierry Jonquet Mygale). Nos deleita con diálogos brillantes, en donde se hace alusión, por ejemplo, al estado de embriaguez como un tipo de máscara. Hay varias escenas en donde doctor y paciente comparten copas en un bar y se detienen a observar que todo el mundo intenta emborracharse, lo que da pie para que el doctor exponga su idea de que las máscaras podrían destruir toda moral humana, pues las etiquetas “nombre, posición, ocupación”, no volverían a importar y lo que es mejor, “no nos sentiríamos culpables de estar solos”.

No es necesario recurrir a la ya trillada cita a la etimología de la palabra persona para imaginar lo horrible que sería el mundo si todos tuvieran la cara del agente Smith como ocurre en Matrix 3, y como visionariamente lo sugiere una escena de El rostro ajeno. Lo que notoriamente llama la atención aquí no es eso, sino la connotación positiva que el doctor ve en ello. Esta paradoja es una indagación profunda acerca de los subterfugios de la identidad del ser humano y la alienación, indagación a la que magistralmente dedicó su carrera el escritor Kobe Abe, quien muere el año 1992 y no alcanzó, como Selvaggio, a convivir con Facebook, aunque sin duda no hizo falta.

Captura de pantalla 2020-02-04 a la(s) 13.20.20

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: