AQUELLAS – QUERIDAS – MUJERCITAS  /  Nora Fuentealba Rivas

 

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                                                                   I

                          ¿A quién le interesaría la historia de nuestras

                                  pequeñas penas y glorias domésticas?

Mujercitas (1868) de Louisa May Alcott, ha sido llevada a la pantalla grande en más de una ocasión, por ello es fácil pensar que nada nuevo nos puede entregar la reciente adaptación de Greta Gerwig (2019). Sin embargo, la directora desde los primeros segundos del film responde a esta inquietud, haciendo que las vidas de sus protagonistas pasen de ser ordinarias a convertirse en una detenida reflexión sobre qué es y ha sido ser mujer. Gerwig logra actualizar la trama al entretejer los tiempos de los dos libros que contienen el relato (Mujercitas y Aquellas Mujercitas), y hacer ingresar guiños biográficos de su autora, como cuando el personaje de Jo pide ser publicada bajo un seudónimo, o se ve obligada a escribir cuentos sensacionalistas para subsistir. Esta renovada composición temporal complejiza la lectura de una de las clásicas novelas de aprendizaje, al generar paralelos constantes que permiten entender con mayor claridad los conflictos de sus protagonistas. De esta manera, se abren nuevos espacios de interpretación, entre los que sobresalen aquellos argumentos que hicieron transgresora a la novela en su momento, repensándolos en función del contexto actual, para reflexionar sobre la triste continuidad que tienen algunos de sus temas, en especial los que corresponden a la tensión entre libertad, amor y matrimonio.

                                                                   II

 Ser independiente y ganarse la admiración de sus seres queridos eran sus dos máximas aspiraciones en la vida

La película comienza así: Jo entusiasta entrega su manuscrito a un editor, él lo lee, se lo entrega rayado casi por completo, le dice que lo publicará y ella entusiasmada pregunta cuánto le pagará por el relato. La reacción de Jo se debe, por un lado, a la validación literaria que esto le proporciona, pero, sobre todo, porque sabe que con su oficio puede colaborar en los gastos de su familia, mientras asegura su independencia, o al menos la suficiente para seguir escribiendo.

                                                             III

Nadie hace su propio camino en el mundo, menos una mujer

En 1929 Virginia Woolf apuntó: “Para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio”. Así daba cuenta del problema histórico que hemos debido afrontar como género a la hora de querer alcanzar cierta libertad intelectual; tal como le sucedió a Louisa May Alcott, tal como le sucede a su personaje Jo. Detenerse a pensar más allá de lo doméstico por mucho tiempo fue para nosotras un lugar casi imposible. Lo privado se superpuso a cualquier otra dimensión, constriñendo la posibilidad de las mujeres a desarrollarse en la esfera pública, haciendo del primer espacio un claustro del cual solo algunas podían escapar. Esta compleja situación es lo que hace de Mujercitas una novela entrañable. En ella la escritora nos hace ingresar a través de la vida ordinaria de cuatro hermanas, en reflexiones que traspasan los límites de la cocina, para indicarnos con el dedo aquellos márgenes, evidenciando los caminos que se tienen para salir de ese cuadro. Así, las hermanas sentadas junto a la chimenea, nos animan a saltar las vallas de las imposiciones sociales, sobrepasando las reflexiones que se limitan al contexto histórico que habitan. Quizás es este punto el que hace que el libro se convierta en material útil para el cine actual.

 

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                                                                IV

Estoy harta de que digan que las mujeres solo sirven para el amor

Se suele pensar en las Mujercitas de May Alcott como personajes unidimensionales, en donde cada una representa un modo de estar en el mundo y una de las artes Meg es a la actuación lo que Jo a la escritura, Beth a la música y Amy a la pintura, sin ahondar en los conflictos que las movilizan. De allí se desprende una de las mayores virtudes de las Mujercitas de Gerwig, quien les confiere a las hermanas renovados matices, permitiendo develar otros lugares de estos caracteres. A través de estos intersticios se puede observar con mayor claridad el ímpetu de sus personajes, en especial a la hora de decidir con aquello que parece ser un sino irremediable: “el matrimonio”.  Es en las reflexiones sobre este y el amor cuando vemos a las mujercitas humanas y cercanas. Jo (Saoirse Ronan) no solo se presenta obstinada y apasionada, sino que voluble ante este conflicto. Una Jo que sufre por no corresponder a Laurie (Timothée Chalamet), que titubea luego de haber tomado la decisión, porque más allá de los límites de su libertad, quiere ser amada. “Me importa ser amada”, le señala a su madre, mientras piensa cómo seguir adelante. Beth (Eliza Scanlen) por su parte, frágil y lúcida, aconseja a su hermana Jo, incentivándola a escribir sobre lo que ama y conoce; porque Beth siempre está más allá que acá. Meg (Emma Watson), conservadora y pasional, elige casarse con quien ama, sin pensar en sus riquezas y dejando en claro que este es su deseo. Finalmente Amy (Florence Pugh), a quien siempre se le redujo a ser la némesis de Jo, caricaturizando sus decisiones, logra especial profundidad en la adaptación de Gerwig. La vemos fuerte y noble. “Como mujer no puedo ganar dinero para sostener a mi familia, así que no me diga que el matrimonio no es un acuerdo económico, porque sí lo es”, le señala a un ligero Laurie. Amy es quien quizás más evoluciona en la película, a ella le corresponde las palabras más claras sobre las posibilidades de las mujeres para subsistir. No se trata solo de ser un adorno con gracia, se trata de vincularse con quien pueda establecer una sociedad próspera. Ya sea de una forma u otra, las hermanas logran asumir el amor más allá de la obligación, para amar por decisión y sobrepasar las amarras contractuales, y ejercer, aunque sea en un limitado espacio, la libertad de ser lo que se ha elegido.

                                                                     V

                             Si voy a casar a mi heroína por dinero,

                                 más vale que tenga mis regalías

Gerwig realiza con su Mujercitas un refrescante homenaje a Louisa May Alcott, y por extensión a todas quienes han luchado por ser fieles a sí mismas, y lo hace con una adaptación envuelta en un hermoso manto bucólico (fotografía, vestuario, etc), para luego estremecer con reflexiones que parecen sacadas de este siglo. La adaptación de Gerwig logra ser un ejemplo de los conflictos históricos que hemos de enfrentar por el solo hecho de ser mujeres. De allí que luego de ver su película, no solo queramos ser Jo y escribir un cuento, como suele sucede al leer la novela. Sino que queramos reescribir nuestra historia y, de paso, la historia.

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AQUELLAS – QUERIDAS – MUJERCITAS

Un comentario en “AQUELLAS – QUERIDAS – MUJERCITAS

  1. Seca norita! Buena reflexión sobre el andar de nuestro género estos últimos años, economía, religión y poder….nadie está libre….y en ese contexto se valora ideas claras y con fuerza de tantos espacios reclamados (no puedo decir ganados,porque seria validar la desigualdad como la norma aceptada) con más lágrimas y sangre ,que novelas románticas , modas pasajeras y amor romantico que se nos intenta adjudicar para desacreditar e ignorar. Bien ahí!

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