ECOS TARDÍOS

ECOS TARDÍOS / Claudia Carreño Gajardo

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A solas con nuestra flor favorita y nuestra locura
vemos que realmente no queda nada sobre qué escribir.
O más bien, es necesario escribir sobre las cosas de siempre,
del mismo modo, repetirlas una y otra vez
para que el amor persista y sea gradualmente diferente

Hormigas y colmenas deben ser eternamente reexaminadas
y el color del día puesto allí
cientos de veces y matizarlo desde el verano al invierno
para ser ralentizado hasta el ritmo de una verdadera
zarabanda, y se acurruque, vivo y reposado.

John Ashbery

 

Un escritor colombiano

“A los muchachos de Colombia, muchachitos de Colombia, ustedes han tenido la mala suerte de nacer, y en el país más loco del planeta, no le sigan la corriente, no se dejen arrastrar por su locura, pues si bien la locura ayuda a sobrellevar la carga de la vida,  también puede sumarse a la desdicha, el cielo y la felicidad no existen, esos son cuentos de sus papás para justificar el crimen de haberlos traído al mundo, lo que existe es la realidad, la dura realidad, este matadero al que vinimos a morir, cuando no es que a matar, y a comernos de paso a los animales, nuestro próximo, en consecuencia, no se reproduzcan, no hagan con otro lo que hicieron con ustedes, no paguen en la misma, el mal con el mal, que imponer la vida es el crimen máximo, dejen tranquilo al que no existe ni está pidiendo venir en la paz de la nada, total es esa a la que tenemos que volver todos, para qué entonces tanto rodeo.”

Discurso en una película

El fragmento corresponde al comienzo del discurso que Fernando Vallejo dio en el Encuentro Iberoamericano de Bogotá el año 2000, y que Luis Ospina utilizó para abrir su aclamado documental La desazón suprema. Retrato incesante de Fernando Vallejo (2003). En tiempos en que las patéticas intervenciones y discursos de la clase política chilena son pan de cada día, el discurso de Vallejo no deja de hacer eco en mi cabeza. En el contexto de esta especie de negra bienvenida a una nueva era o el principio del fin de los todos tiempos, como afirman los más apocalípticos, en que la salud física y mental se han vuelto frágiles, en que todos los placeres adquiridos previamente para sobrellevar la existencia están vetados, las palabras de Vallejo adquieren sentido universal.

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Estado de desazón

Como es sabido, el planeta es un completo desastre y ese desastre lo ha provocado y sigue provocando la especie humana. En manifiesto rechazo a este panorama, existen diversos movimientos en contra de la natalidad y -lo que a largo plazo vendría a ser lo mismo- contra la especie humana. El Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria (VHEMT), por ejemplo, fundado en 1991 por un residente de Portland llamado Les U. Knight, llama a abstenerse voluntariamente de la reproducción para evitar la degradación ambiental, argumentando que solo la reducción de la sobrepoblación humana podría evitar continuar con el sufrimiento y extinción de las especies no humanas.​

Voluntary_Human_Extinction_Movement_logo

Contra lo humano

Si bien el fragmento del discurso de Vallejo alude al daño sobre los animales, apela más directamente a la ética, calificando de violencia el acto de crear vida humana. Esta idea se podría ajustar mejor al llamado antinatalismo, que más que un movimiento es una posición filosófica y ética basada en la idea de que, ante la nula posibilidad de consentimiento, la procreación es una violación a la autonomía, por lo que es éticamente problemática; y que un agente racional, poseyendo informaciones confiables sobre la situación humana y capacidad de opinar sobre su posible venir a existir, podría elegir no nacer y no sufrir los dolores asociados a la existencia. O bien se apoyan en el imperativo kantiano: para los antinatalistas un hombre nunca debe ser usado como un medio para un fin, mas siempre como un fin en sí mismo, y dado que una persona puede ser creada para el bien de sus padres o de otras personas, y que es imposible crear a alguien por su propio bien, no se deberían crear nuevas personas.

El lúgubre presente

En contraposición al primer argumento, existe literatura, como la del filósofo británico Richard Hare, sobre experimentos mentales que presumen de que es obvio que los humanos escogerían el nacimiento. De acuerdo a esta idea, la pregunta sería entonces: ¿seguiría siendo obvio escoger el nacimiento de hacerse el experimento mental ahora, en nuestro lúgubre 2020?

Garantía trágica

Hay quienes, como el escritor y filósofo –y antinatalista– noruego Peter Wessel Zapffe, plantean a los humanos como una paradoja biológica. La conciencia humana se habría vuelto excesivamente evolucionada, los humanos ahora seríamos incapaces de funcionar normalmente como el resto de los animales: la cognición nos da más de lo que podemos cargar. Nuestra fragilidad e insignificancia en el cosmos se hacen visibles para nosotros. Queremos vivir, pero a causa de cómo evolucionamos, somos la única especie cuyos miembros están conscientes de que están destinados a morir. Somos capaces de analizar el pasado y el futuro, tanto de nuestra situación como la de otros, imaginar el sufrimiento de otras personas como el de otros seres vivos y sentir compasión de su sufrimiento, así como anhelar justicia y significado en un mundo donde ninguna de esas cosas ocurre, lo cual garantiza que nuestra vida humana sea trágica.

Autocastigo

En nuestro 2020 podemos decir que comprobamos por fin cómo nuestro sistema de organización social basado en el abuso ha degradado el medioambiente. Lo que es peor, ya sabemos que la pérdida de la diversidad en las especies está directa e indirectamente relacionada a fenómenos como el que vivimos, vale decir, esto del virus nos lo infligimos. Como una trama kafkiana a la inversa, en que la cucaracha se transforma en hombre, la culpa no es ambigua: somos culpables y, cual niño travieso, ahora estamos castigados, encerrados sin poder salir.

Improductividad

Y en nuestro encierro aparece la literatura, el cine. Muchos de las/los que hacen cine sufren por no poder producir. A quienes escriben el encierro no les molesta tanto. Con mayor o menor ganas, algunos nos disponemos a ver películas o a leer libros, y es inagotable lo que hay. ¿Qué es esta sobrepoblación de obras? –he oído de movimientos en contra de la sobrepoblación de imágenes, pero nunca he escuchado de personas en contra de la producción de libros. Si ya hay tanto, ¿cuál es la necesidad de producir?, ¿qué sentido tiene producir más? Hay que registrar nuestros tiempos, alguien podrá decir. ¿No sería más sensato ponerse al día primero? ¿Alcanzaría una vida para ver y leer todo lo que hay? Y es que en tiempos de pandemia y cesantía, se está hablando mucho del derecho a la cultura y del derecho a producir cultura.

Extinción

De acuerdo con Wessel Zapffe, la existencia humana equivale a una red enmarañada de mecanismos de defensa, que pueden ser observados individual y socialmente en nuestros patrones de comportamiento diarios.  La humanidad debe cesar este autoengaño y la consecuencia natural, al abstenerse de la procreación, sería su extinción. Uno de los más poderosos autoengaños o mecanismos de defensa es la sublimación, la capacidad de reorientar las partes trágicas de la vida en algo creativo o valioso, normalmente a través de una confrontación estética para el propósito de una catarsis, una fuga.

Realismo suicida

Considerando las ideas de Mark Fisher –cuya lucidez es difícil separar de su suicidio– la humanidad está viviendo tiempos en que predomina lo que él denominó realismo capitalista, pensamiento que alberga la idea de que no hay posibilidad de organización capaz de remplazar al capitalismo. Caracterizado por el fin de la originalidad, el realismo capitalista es un presente impregnado de copias u homenajes a estilos pasados. En que no se ven posibilidades de nuevos lenguajes en el horizonte, en que tenemos nostalgia de futuro. Un periodo mediocre, donde pseudo críticas de nuestra penosa existencia devueltas en forma de entretenimiento (pienso en Guasón, en Parasite) son éxito de taquilla y alimento para la perpetuación de esa misma penosa existencia. En que, tal vez, el autoengaño de la sublimación no nos resulta, pues la “gran idea” ya se hizo o simplemente porque la presión mercantilizante de la existencia nos lo impide. Y es, quizás, en este presente, como Wessel Zapffe previó, que comenzamos a cesar este útil autoengaño y vamos camino a la extinción.

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Eco tardío

En el documental de Ospina, como un eco tardío, también se puede ver al multifacético Fernando Vallejo hablando, entre tantas otras cosas, de su libro de biología La tautología darwinista y otros ensayos de biología, explicando su tesis de que Darwin era un impostor, pues habiendo escrito un libro titulado El origen de las especies “él nunca se tomó siquiera el trabajo de definir qué era una especie. Cómo un libro científico se puede tratar del origen de las especies sin dejar claro qué es una especie, qué es lo que está originando.” Sea lo que sea y acaso siendo menos pesimista, repensarnos a nosotros mismos en relación a las demás especies tal vez puede ser el comienzo de algo (aunque no del fin), para poder dar con algunas claves de base y así poder refutar al capitalismo de un modo igualmente realista.

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