Metaliteratura y autoficción en El Ciudadano Ilustre

METALITERATURA Y AUTOFICCIÓN EN EL CIUDADANO ILUSTRE

Florencia Dupont

La galardonada película argentina de Mariano Cohn y Gastón Duprat, El ciudadano ilustre (2016), habla de Daniel Mantovani (Oscar Martínez), un escritor best seller que recibe el premio Nobel de Literatura, logro que Borges nunca alcanzó, y seguro que a mucha honra. Al menos ese es uno de los puntos que la película con considerable humor nos hace ver. Incluso podríamos decir que la película en sí reproduce mecanismos propios de lo contemporáneo del campo literario que tienen que ver directamente con esta caricatura de escritor.

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Para empezar, estamos frente a una obra que claramente habla de metaliteratura o que es ella misma un ejemplo metaliterario: la obra dentro de la obra. Al ver la película, primero notamos la división en capítulos, elemento paratextual en la literatura, extradiegético en la película, pero que de todos modos nos remite a la estructura de una obra literaria. La película se divide en cinco capítulos (“La invitación”, “Salas”, “Irene”, “El volcán” y “La cacería”), que a su vez corresponden a los cinco capítulos que componen el libro que el escritor Daniel Mantovani lanza al final del film. De esta manera, toda la película se transforma en la historia que se narra dentro de ese texto, en forma similar a lo que ocurre en esas series compuestas por el fotógrafo Duane Michals.

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Una de las preguntas de la conferencia de Mantovani hace notar otro punto característico de la literatura de hoy: el uso de la primera persona, ya sea desde lo autobiográfico o como autoficción. Y como se alude al final del film, no sabemos qué tanto es real y qué es ficticio dentro del relato, aunque como diría el mismo Mantovani, eso no es lo importante. Por otro lado, hay un uso de la intertextualidad dentro de la propia obra de los directores, es decir, la película también establece un diálogo con El hombre de al lado (2009), como si el personaje de Daniel Mantovani fuera una especie de variación de Leonardo, el exitoso diseñador protagonista del film anterior de Cohn-Duprat, claro que en esta ocasión no es uno solo el enemigo (Víctor, el vecino insoportable), sino que ahora es un pueblo entero, Salas.

maxresdefaultEscena de El hombre de al lado.

Todos estos elementos solo refuerzan el tono general de la obra centrada en un tipo de humor que corresponde más bien al género de la sátira, donde el acento moralista y la crítica a las costumbres es algo que no puede faltar. El fuerte del film está en los gags, que hasta se vuelven tragicómicos, como si nos estuviéramos riendo de una especie de tragedia griega, y donde el destino del célebre escritor es volver a su pueblo, intimar con la hija de su amor de juventud (mujer ahora casada con su viejo mejor amigo), solo para enterarse de ese vínculo en medio de una cena familiar con todos ellos. En todo caso, la película se hace cargo de sus propias metáforas, haciéndolas evidentes a modo de sarcasmo. Después de utilizar las páginas del propio libro para prender un fuego, el mismo personaje de Mantovani declara que es una metáfora cursi; ni hablar de cuando el remisero usa esas mismas páginas para ir al baño (grotesco).

el-ciudadano-ilustre3El Premio Nobel argentino, Daniel Mantovani.

En ese sentido también es válida la construcción de personaje: ser detestable, egocéntrico, arrogante, pedante. Una forma de reírse del imaginario del artista exitoso de hoy, donde “exitoso” tiene que ver con una construcción de mercado. En este mundo mercantil de la industria literaria, al igual que en la cinematográfica, se apela a una mayor comunicatividad más que a la intransitividad. Esto quiere decir que el contenido pesa más que la forma. De hecho esto es algo que se le ha criticado a la película, pero que viéndolo desde esta perspectiva, resulta un elemento que responde a estos mismos criterios, donde lo central está en los diálogos y acciones de los personajes, en los gags y humor negro-crítico de la sátira, más que en una forma sofisticada. A diferencia de otro tipo de humor que echa mano a recursos formales como Top Secret! (1984) de John Abrahams y David Zucker, o las películas de Jacques Tati, aquí la forma no implica ningún tipo de experimentación, sino que se mantiene siempre en el naturalismo, respondiendo al MRI (por eso no sorprende que la película también haya ganado varios premios).

El ciudadano ilustre termina con Mantovani mirando cómplice a la cámara, como si fuera en ese momento una segunda persona que interpela al espectador, casi confesándole que el propósito de volver a su pueblo fue solo para poder volver a escribir otra novela, buscar nuevas historias antes que una distinción que para él nada tiene de importante.

 

EL CIUDADANO ILUSTRE (2016)

Directores: Mariano Cohn y Gastón Duprat